Hemos perdido la batalla. Las entidades sociales que intentamos potenciar el ferrocarril para depender menos del coche y mejorar nuestra calidad de vida, hemos sido incapaces de convencer a nuestros representantes institucionales tras años de reuniones, manifestaciones y acciones legales. El próximo lunes 13 de enero nos quedamos sin ferrocarril en el centro de Salou y Cambrils; y Tarragona se convertirá en la única ciudad del corredor Mediterráneo sin servicio Euromed.

La puesta en marcha del desdoblamiento del que era el último tramo ferroviario en vía única entre Barcelona y València, la llamada variante de Vandellòs, será vendida como un hito histórico por parte del Ministerio de Fomento, o como un enésimo agravio territorial del Estado por parte de la Generalitat. Pero ambos, en sus respectivas propagandas institucionales, silenciarán que dejarán miles de habitantes del Camp de Tarragona sin tren.

La pérdida de viajeros de Cercanías está servida. La actual línea regional R16 (Barcelona – Tarragona – Salou – Tortosa) se partirá en dos, una nueva R16 que dejará de parar en el centro de Salou y Cambrils; y una nueva R17, que conectará el apeadero de Port Aventura con Tarragona y esporádicamente enlazará Port Aventura con Barcelona. Por su parte, la nueva R16 prácticamente no ahorrará tiempos de viaje entre sus extremos, salvo un testimonial servicio Avant por la línea de alta velocidad. En cualquier caso, los viajeros que aporte Tortosa -aunque se incrementasen- son pírricos en comparación con los que aportan hoy Salou y Cambrils en sus centros urbanos, aproximadamente 675.000 al año. Esta pésima estrategia ferroviaria ha sido diseñada para contentar a los alcaldes de Salou y Cambrils, y no pensando en el bien común, la lucha contra el cambio climático o la descongestión de tráfico en el Camp de Tarragona. Sus promotores persiguen intereses puramente urbanísticos (o especulativos) y han logrado sus objetivos gracias a la dejadez de funciones de las administraciones tutelares del servicio actual. Así, tanto la Generalitat como el Ministerio de Fomento no han ejercido sus competencias ferroviarias, en servicios e infraestructuras respectivamente, para preservar el derecho a la movilidad de la ciudadanía. A partir del lunes 13 de enero se necesitarán más trenes (y más coste), para llevar a menos viajeros. Las personas que hoy suben al tren en Salou y Cambrils tendrán como alternativa estaciones situadas a 30 minutos a pie o autobuses que tardan más del doble en las relaciones Cambrils – Salou – Tarragona – Barcelona.

Además, esta fiesta no la pagará Pere Granados, alcalde de Salou y líder indiscutible del desmantelamiento del ferrocarril en la costa sur de Tarragona; la factura la pagaremos todos los contribuyentes. Esta barbaridad no tiene antecedentes en la democracia: ningún municipio catalán ha optado por desmantelar un servicio público ferroviario de esta importancia, pese a tener pasos a nivel mucho más problemáticos. Al contrario, los ayuntamientos normales han querido preservar la centralidad de sus estaciones a través de soterramientos o nuevos pasos a distinto nivel para el tráfico rodado y peatonal. Pero en Salou, el alcalde ni siquiera ha permitido mantener el Cercanías a baja velocidad mientras llega la incierta tranviarización de la línea (TramCamp).

Las mercancías y el largo recorrido tampoco quedarán resueltos. El lunes 13 de enero el Euromed mejorará los tiempos de viaje entre Barcelona y València, pero sacrificando la parada urbana de Tarragona en favor de la de Perafort (estación de Camp de Tarragona), en medio de la nada. El ahorro de prácticamente 30 minutos sobre los tiempos actuales, unas 3 horas, no es una mejora neta. Compensa en parte los 15 minutos de incremento de tiempos de viaje derivados de las afectaciones que sobre la red ferroviaria convencional ha provocado el tercer carril entre València y Castelló o el incremento de limitaciones de velocidad en las Cercanías de Cataluña.

Incluso dando por buena la desmembración ferroviaria en el Camp de Tarragona, la variante de Vandellòs es un cúmulo de despropósitos para el tráfico de larga distancia y las mercancías del Corredor Mediterráneo. Después de consumir 20 largos años y más de 700 millones de euros en su ejecución, la variante creará un cuello de botella de vía única en los enlaces de Vila-seca, dentro en el itinerario Barcelona – Tarragona ciudad – Tortosa / València, por donde discurrirá casi todo el tráfico ferroviario del Corredor, que no es del Euromed, sino de los cercanías de la R16 y las mercancías.

El lunes 13 de enero se consagra un modelo ferroviario pésimo, que incrementa la dependencia del automóvil de los ciudadanos del Camp de Tarragona, que empeora el precio y los tiempos de viaje en transporte público desde las ciudades y que solo tendrá como beneficiarios a los que se sacarán tajada urbanística del suelo “liberado” y a las empresas del transporte por carretera. Y los que podían haber parado esto, no han hecho absolutamente nada, ni el Conseller Calvet y ni el Ministro Ábalos.

Las entidades hemos hecho lo que hemos podido, pero ahora ya sólo nos queda señalar a los responsables.