Hoy, 16 de febrero de 2005, es un día que la historia recordará porque entra el vigor el Protocolo de Kioto con la voluntad ser un instrumento decisivo para combatir el cambio climático que se nos echa encima y que, por ejemplo, amenaza en convertir España en un país tropical y provocar destrozos y cambios en la morfología del paisaje a unos niveles que hacen poner los pelos de punta. No hay que insistir en este tema porque la prensa hoy lo comenta sobradamente.

Hasta ahora, los gobiernos no han instrumentado medidas para que las determinaciones de Kioto se cumplan también en el sector del transporte, el sector que más contribuye a nuestro país a incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero (principalmente CO2). Se ha anunciado que en el 2008 se arbitrarán medidas a favor del cambio en el sector del transporte. Pero las amenazas son tan graves que no podemos esperar.

Hay que actuar desde ahora teniendo en cuenta, sin embargo, que en el sector del transporte no todo el mundo contamina: lo hacen sobre todo los coches y los camiones, mientras que los otros sistemas, o lo hacen poco o nada. A partir de una evaluación que ha hecho la PTP, las emisiones de gases de efecto invernadero en Cataluña se distribuyen de la forma siguiente:

  • Automóvil 57%
  • Camión 36%
  • Ferrocarril de viajeros /metro 4%
  • Autobús 1%
  • Moto 1%
  • Ferrocarril de mercancías 1%
  • Furgoneta 0%

Hay que actuar sobre el automóvil y el camión, que entre los dos suponen el 93% de las emisiones de gases de efecto invernadero del transporte, además de 3.621,6 millones de euros en externalidades sólo en Cataluña. La economía nos enseña que si se quiere cambiar comportamientos hay que encarecer los costes de quien tiene este mal comportamiento. Es el principio de quien contamina, paga. Por lo tanto, lo que se debe hacer es, por un lado, encarecer el coste de los ineficientes y del otro, poner trabas a su funcionamiento para estimular el cambio a los sistemas de menor impacto: el transporte público, el desplazamiento a pie y con bicicleta, y el coche compartido, en sus dos modalidades, carsharing y carpooling. A partir de esta consideración, algunas recomendaciones para las administraciones y usuarios:

  • El gasto público ha de favorecer el desarrollo del transporte público, no del privado que ya está suficientemente desarrollado. Hacer desdoblamientos y duplicaciones de autovías únicamente consiguen aparcar un problema que deviene aún más grave al cabo de diez años.
  • No se debe dar ninguna facilidad al aparcamiento. El tráfico se debe restringir.
  • Cada uno debería internalizar los costes de su movilidad porque sino los pagamos entre todos.
  • Y para los usuarios: coged el coche sólo cuando sea imprescindible o cuando llevéis al menos a dos personas más. Haceros clientes del carsharing y del transporte público: viviréis más años, en mejores condiciones y haréis que los otros también vivan más.

Barcelona, 16 de febrero de 2005